UN GRAN ESPECTÁCULO Y LAS TONTUNAS DE RIGOR

El partido entre el Cartagena y el Murcia fue, ante todo, una gran fiesta del fútbol. Con dos aficiones entregadas a sus colores animando  y abucheando las celebraciones de las contrarias, como debe ser, que esto es un poco la salsa del fútbol, y sin ninguna alteración mencionable en las gradas. Así da gusto. Y es que, cuando se plantea el fútbol como una fiesta alcanza tales cotas que lo hace el mayor espectáculo deportivo.
Asistí al partido acompañado de mis hijos y mi nieto, junto a mis entrañables amigos María y Antonio con sus respectivos hijos, gracias a las  entradas correlativas que pude conseguir por la mediación de mi colega de mesa y mantel Ángel García, de la peña de los miércoles, y su eficiente Milagros. Nosotros pimentoneros y ellos muy del Efesé, con sus camisetas y banderitas blanquinegras animando a su equipo; ellos disfrutaron en la primera parte y nosotros en la segunda. Después, comida de confraternización y un garbeo por el precioso puerto que cantara Cervantes, que estaba atestado y parecía una feria. Por cierto, felicidades a los cartageneros por su nuevo y magnífico Auditorio. Cartagena estaba el domingo preciosa y en sus muelles había dos trasatlánticos, uno de ellos tan enorme que es el segundo mayor del mundo. Viendo esas cosas se aprecia el enorme salto cualitativo que ha dado la ciudad en los últimos lustros.
Volviendo al partido de la máxima rivalidad regional, tuve ocasión de saludar a muchos amigos de Murcia y Cartagena que andaban mezclados por el graderío y disfrutando, como todos, de una buena mañana futbolera. Repito, qué gran espectáculo y qué ejemplo tan estupendo de madurez y educación dieron unos y otros festejando cada cual el buen juego de sus equipos en sana paz y armonía. Dos equipos en los que se adivinan   mimbres suficientes para hacer una buena temporada si la suerte acompaña. Al final de la contienda me acordaba de las veces que en la vieja y en la nueva Condomina nos visitaban equipos grandes que llegaban tres veces a puerta y nos hacían dos goles dejándonos con cara de pardillos. El Murcia había tirado quince córner y un sinfín de faltas, dominando durante casi todo el partido  y jugando mejor, pero al final los puntos se iban para Madrid o Barcelona, por ejemplo. Porque eso fue lo que pasó en el Cartagonova. Y no digo con ello que haya tanta diferencia entre uno y otro, pero eso es lo que pareció. El Cartagena dominó durante muchos minutos, es verdad que con más corazón que cabeza, y marcó primero, pero el Murcia en dos jugadas a balón parado se llevó los tres puntos. El Real Murcia fue, en esta ocasión, el equipo grande. Así es el fútbol muchas veces.
Y, finalmente, llegamos a las irremediables tontunas que también se vivieron en torno a este partido. Podríamos recordar el título de aquella película de pistoleros: “El bueno, el feo y el malo”. El lado bueno sería lo  comentado sobre el ambiente que se vivió dentro y fuera del estadio, y la docena larga de jugadas de calidad que se vieron en el partido por parte de los dos conjuntos; el feo fue, sin duda, el culo que un seguidor murcianista enseñó por la ventanilla de uno de los autobuses que llevaron a los peñistas al llegar a las inmediaciones del campo, a cuyo escatológico propietario habría que decirle aquello que de tal culo tal carita; y el malo, también sin discusión, el ‘figura’ del Murcia que se vanaglorió de haberse reído de los contrarios y de su afición de parte de los aficionados propios. Pero en este caso con un añadido de tontuna galopante, pues se trata de un profesional que debería de cuidar más sus expresiones. Habría que recordarle a este jugador, a quien su carrera no le dará para jugar la Champions, que es preferible hablar poco y pasar por tonto que hablar demasiado y confirmarlo. Lo peor es que días después unos dirigentes de peñistas granas hablan de homenajearle. Desgraciadamente los descerebrados abundan. Imaginemos que un día algún inocente pagara por ello sin merecerlo. Entonces lamentaríamos estas gilipolleces y, claro, nadie se responsabilizaría de ellas.
 Y también estuvieron los de la pancarta de que Cartagena no es Murcia. Seguramente, a estos lumbreras les caerá mal cuando algunos barcelonistas, por comparar, dicen que Cataluña no es España. Pues eso, que la estulticia va por barrios.

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