PARA LAS CUESTAS ARRIBA QUIERO YO MI BURRA…..

Con las semifinales de la Copa de Europa llegaron las dudas, y en ellas están quienes prefieren desconocer que el fútbol es simplemente un juego donde el azar es decisivo. Y, también, quienes no alcanzan a comprender que los futbolistas no son máquinas y alguna vez las piernas o la cabeza no funcionan igual.
Hay otros factores que también condicionan, como cualquier decisión arbitral imprevista o el planteamiento del técnico de turno. El Madrid y el Barsa han vivido en sus carnes a lo largo de su luenga historia muchas de esas vicisitudes. Por eso no entiendo a Mourinho cuando tiene el cuajo, y algo más, afirmando que Guardiola sabe cómo ha ganado algunas eliminatorias en la máxima competición continental entre clubes. ¿ Acaso olvida él cómo eliminó al Barsa con el Inter con un gol, el tercero de Milito en San Siro, en clamoroso fuera de juego? Debería ser más prudente como profesional que es, aunque quizás el Señor no lo llamó por ese camino, y recordar, además, que en el partido de vuelta, con Eto’o de lateral izquierdo, se le aparecieron todos los santos del cielo en un partido que debió perder por goleada.
Algo así le ha sucedido este año al Barsa en Londres: un partido que debió ganar por varios goles se le tornó en un resultado inquietante. Pero claro, aún no he escuchado a Guardiola acordarse de la mala suerte para justificar el desaguisado. Me parece que es perfectamente consciente de que el desacierto de sus jugadores ante la meta contraria, en la hora de la verdad del fútbol, fue la causa determinante de que no se trajera la eliminatoria resuelta. Nada, por otro lado, que no se pueda remediar en el Nou Camp en la vuelta.
Y al Madrid le ocurrieron otras cosas. Quizás la actitud de sus jugadores no fue la idónea, aparte de que el Bayern tiene peligro arriba, pero sólo arriba. Y tal vez, también, Mourinho no estuvo fino en los cambios. Ha sido muy criticado por no alinear a Marcelo de inicio, pero tampoco creo que eso fuera determinante. Lo que de verdad no supo hacer fue leer el partido, en mi modesta opinión. Los alemanes tienen dos extremos peligrosos y un tronco arriba que las remata casi todas, aparte de un buen portero, pero poco más. Un equipo sin medio campo apreciable es vulnerable si le ganas ahí la partida, pero los madridistas se dedicaron a pegar pelotazos para el campo contrario esperando que Cristiano o Benzemá controlaran alguna. No es normal, salvo por lo anterior, que el Real actual en el que su divisa es el peligro en sus delanteros, sólo tuviera dos ocasiones de gol en todo el partido: el que metieron, por un clamoroso fallo anterior de Cristiano y de
los defensas teutones; y otro del francés que no entró por una gran intervención de Neuer. A mi parecer, si el luso se percata antes de la situación y saca a un par de jugones, que los tiene, en el medio campo al inicio de la segunda mitad se hubiera traído un buen resultado.
Lo del Barsa fue distinto. Si Alexis y Cesc, principalmente, hubieran estado acertados lo normal hubiera sido un uno a tres o cuatro tranquilamente. Los de Guardiola tuvieron el balón ¡casi un 80 %!
A la vuelta lo venden tinto, que decía nuestro clásico aforismo, y en los segundos partidos nuestros dos equipos tendrán la oportunidad de dejar las cosas en su sitio. Me preocupa más el Madrid, curiosamente, porque los alemanes a la contra pueden ser muy peligrosos y a los blancos le están haciendo goles con facilidad en el Bernabéu. Lo del Barsa lo tengo más claro, pues los milagros rara vez se repiten y supongo que los ingleses saldrán igual. De ésta no alean.
Pero en definitiva, como tantas veces se ha repetido en el fútbol, los grandes jugadores son para las grandes ocasiones, y es de esperar que los dos mejores futbolistas del mundo, que dicen por ahí, tiren de orgullo y marquen un par de goles por barba. De todos modos me fío más de los Xavi, Iniesta, Pujol y compañía que de los acompañantes de Casillas, Ramos y Alonso. Y, además, no creo que Mourinho quiera inventar otra vez en casa. Que ésa es otra. Guardiola, por el contrario, juega siempre igual porque se fía de su gente y, fundamentalmente, de sí mismo.

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