LAS COSAS Y LAS PERSONAS POR SU NOMBRE

Una cualificada selección de granujas, inútiles, frescos, caraduras, sinvergüenzas y ladrones de distinta condición, han asolado España en los últimos años. También ha habido excepciones en sentido contrario.


Mapa de la Corrupción política en España

Con antifaces diversos: concejales, alcaldes y arrimados municipales; diputados regionales y nacionales con sus amiguetes; consejeros y asesores de distinta ralea en instituciones y empresas públicas;  secretarios generales de variopintas instituciones; presidentes de lo que fuera; gestores de cajas y bancos, y responsables de su control; juristas de toda estofa en los más distintos ámbitos; auditores mil de nombres pomposamente extranjerizados; comunicadores de pesebre, pijama y orinal; promotores privados y públicos de todo tipo de desmanes económicos en forma de supuestos proyectos empresariales ávidos de subvenciones, ayudas inconfesables y condiciones favorables para todo, amparados en afinidades políticas, familiares o en compadres del trinque; y muchos otros con distintas denominaciones pero cofrades de la golfería, en suma.

Hacer una lista
Ya sé que toda generalización es injusta. Por eso, cuando hago la relación genérica anterior, sólo aspiro a que todos les pongamos cara y nombre  entre los que conocemos y entre aquellos de quienes tenemos referencias demostradas. Si lo hiciéramos, con papel y lápiz en la mano, nos asombraríamos en muchos casos de la enormidad de bandoleros que nos saldrían. Y, en sentido neutro y contrario, hagamos la relación de personas que ‘ni chicha ni limoná’, es decir, de gente que han estado ocupando cargos de un modo irrelevante sin resolver nada a nadie, sólo cobrando sus sueldos y mirando para otro lado – cómplices en el mejor de los casos- y de aquellos otros que contrastadamente han tomado decisiones que han paliado parte del gran daño que los robaperas nos han ocasionado al conjunto de ciudadanos. En estas tres relaciones habría gran disparidad. En la de los malos habría muchos, en la de los tonticos – listos para ellos sin enredar mucho- habría más, y en la de los buenos nos saldrían pocos. Sería un buen ejercicio mental como terapia para no llamar a todos de todo y vislumbrar el daño que nos hacemos cuando votamos o tomamos decisiones que nos afectan en cualquier sentido sin pensar lo necesario. También para que en el futuro sepamos distinguir entre mentirosos, medios pelos y barbas cerradas con capucha o antifaz. 
Casos concretos
Afrontando algunos casos concretos sin ser para nada exhaustivo se me ocurren algunos casos con su correspondiente interrogación:
¿Es que no le va a meter mano nadie a Zapatero y a todo su equipo ministerial por la ruina que nos han dejado? ¿ Basta con el castigo electoral para que ellos sigan con sus puestos y canonjías tan bien remuneradas y, encima,  que aún sigan exigiendo a los que les heredaron cosas que ellos no supieron ni quisieron hacer enarbolando, todavía, supuesta legitimidad democrática para hacerlo? Unos le llamarán a esto normalidad democrática, yo lo denominó gilipollez política nacional sin remedio.
¿Es que nadie le va a exigir a Carme Chacón que mire para casa y le pida explicaciones a su compañero Montilla del desastre que dejó en Cataluña en lugar de andar pinchando a Rubalcaba para que haga una oposición más dura? Algunos le llamarán a esto juego político. Yo prefiero lo de cara dura.
Y el propio D. Alfredo, ¿Hasta cuando va a seguir ocupando puestos de enorme responsabilidad olvidando que fue vicepresidente con el anterior calamidad que nos asoló, seguramente para tapar otras cosas tremendas que el tiempo nos revelará? Será legitimidad democrática, pero creo que le encajaría mejor lo de granujería contumaz – ¡qué benévolo soy!- para seguir viviendo de todos tapando sus vergüenzas, cuando no otras cosas más graves que el tiempo – ojalá me equivoque- nos revelará gratis.
¿Van a dejar que el ínclito MAFO siga pontificando en diversos foros sobre economía y finanzas cuando ha sido cooperador necesario por abulia e incompetencia  en la descomposición del otrora más que solvente sistema financiero español? No sé cómo calificarán otros este fenómeno, seguramente presunción de inocencia en el normal desarrollo de su trabajo, pero yo lo denominaría como responsabilidad punible. ¡Ha colaborado poderosamente en cinco años en laminar unas cajas de ahorros centenarias!
En las Comunidades
¿Van a seguir los presidentes de muchas comunidades autónomas que ahora están en la ruinaechando discursitos y celebrando acontecimientos regionales con toda pompa y boato a mayor gloria propia y de su camarilla, en los que en lugar de entonar sus culpas siguen echándole la culpa al gobierno socialista anterior o al actual, según los casos, cuando han demostrado suficientemente su grave incompetencia? En muchas de ellas siguen saliendo en las fotos personajes ‘de confianza’ que han hundido cajas de ahorro, por ejemplo, y siguen ocupando puestos en otras instituciones. Esto es sinvergonzonería recalcitrante.
El gobierno y el partido de Rajoy
¿Cuándo se van a dar cuenta nuestros políticos, con Rajoy, su partido y su gobierno a la cabeza,  de que esto no se arregla mientras no afronten de verdad el gravísimo problema de la elefantiasis de las Administraciones que sólo sirven para chupar la sangre a los españoles vía impuestos de todo tipo para pagar nóminas ineficientes, gastos superfluos, cargos innecesariose inmuebles suntuosos carentes de sentido? Los empresarios y autónomos pasan demasiado tiempo actualmente defendiéndose de todo tipo de reclamaciones administrativas antiguas – la mayor parte de ellas prescritas y lo saben- porque no tienen un duro las AAPP para seguir con su derroche. Esto es latrocinio de estado.
El futuro
Y, en fin, ¿cuándo nos percataremos todos de que no es posible continuar con el paradisíaco estado del bienestar que teníamos ya como un derecho adquirido para siempre? Es de tontos pensar que las cosas volverán a ser alguna vez como antes. Estarán más cerca del antes de antes, cuando había que ser previsor para la enfermedad, el futuro de los hijos y la vejez. 

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