LAPORTA: FUTBOL, POLÍTICA Y TRINQUE

Llegó a la Presidencia del Barsa liderando una plataforma, ‘el elefante Azul’, que pregonaba, como tantos han hecho en otras cosas, la rectitud, la honradez, la laboriosidad y el trabajo en equipo como bandera. Hablaba de hacer grande y limpio a un club de fútbol que representa no sólo mucho más que un club para muchísimos catalanes y para Cataluña, sino al que también llevan en su corazón futbolero centenares de miles de españoles.
Y empezó con decisiones en lo deportivo que a la postre le han llevado a ser el Presidente más laureado en la historia del Barsa; sin duda, el mejor desde ese punto de vista. A veces, como ocurre en tantas otras facetas de la vida, el detalle de una decisión acertada marca para siempre el destino y la trayectoria de una persona; y al revés, uno puede ser bueno en cualquier cosa y si te equivocas en una elección importante acabas ‘pregonao’, que se dice por ahí. Y puede ocurrir también, y esto es muy común, que aciertes en lo fundamental y que lo emborrones todo con  comportamientos cotidianos erróneos. Y aquí podemos encasillar al Sr. Laporta.
En sus últimos años, con la elección de Guardiola en 2.008, y su apoyo puntual en momentos delicados al principio – sólo un punto de seis habiendo echado a las vacas sagradas de la plantilla- y dándole autonomía para que enraizara su idea del fútbol de cantera que se venía gestando en La Masía, consiguió que el Barsa llegara a ser considerado el equipo que mejor fútbol jugaba del mundo. Ese año ganó todos los títulos, seis, a los que optaba. Y de esa importantísima decisión nació el mejor Barsa de la historia; un equipo ya legendario. Y no sólo eso, sino que de su estilo de juego bebe nuestra selección, Campeona de Europa y del Mundo. ¡Casi nada! Cuando pasen los años nos acordaremos de esta época como la mejor en la historia del fútbol español a todos los niveles.
Pero, del otro lado de la moneda, nos encontramos con un Laporta que se empeñó en pasar a la historia como un pícaro, haciéndole un favor, usando su poltrona para medrar en la política y en lo económico personal, hundiendo en fangos muy oscuros su trayectoria en lo fundamental.   De pena.
Con su catalanismo irredento y fuera de lugar, deportivamente hablando, ha conseguido que docenas de miles de aficionados culés de toda España se borren, al menos en público, del cariño a sus colores de siempre. Y, paradójicamente, con aquella decisión que supuso reforzar los valores futbolísticos de la cantera del Barsa, ha conseguido que las distintas Selecciones Españolas de fútbol sean hoy la envidia de todo el planeta futbolístico mundial imitando su juego. ¿No querías caldo catalán?, pues toma seis tazas españolas, ‘tontolpijo’; denominación caritativa que le dedican muchos aficionados bondadosos. Otras son irreproducibles.  
De su ramplona vocación política da cuenta que al poco de debutar en el Parlamento catalán, donde consiguió todo un éxito obteniendo cuatro escaños amparado en su condición de ex presidente del Barsa, desertara de su grupo y se fuera a mamar en otras ubres independentistas todavía más montaraces por oportunistas. Todo un ejemplo de vacuidad política que abunda, desgraciadamente, en la pésima imagen que tiene hoy en España la que debiera ser una noble dedicación a la cosa común de todos. Si definiéramos al Laporta político en términos taurinos diríamos que es un  ‘chuflas’.
Y qué decir de algunos comportamientos públicos; otra contradicción casi enfermiza. Al principio, algunos medios internacionales llegaron a denominarle como el Kennedy del fútbol español. Presidente joven, 41 años, ilustrado, simpático y liderando una pléyade de jóvenes ejecutivos brillantes que llegaron al Barsa con la bandera de  la transparencia. Luego fue capaz, por ejemplo, de quedarse en pelotas en un aeropuerto dando ‘bufíos’, o de fichar a una actriz porno, con mis respetos, para dar lustre a su precampaña política. Impresentable.
Finalmente llegamos al tema del trinque. No sabemos lo que dictaminará la Justicia, pero reconocer que ha cobrado diez millones de euros por asesorar a un empresario extranjero que estaba interesado en negociar asuntos con el Barsa de por medio, siendo Presidente, por muy legal que sea la factura, que ya veremos, pues … ¡ coñóooo!
 “¡Seamos sinceros! -decía uno desde una tribuna, con antifaz el muy ‘jodío’- Bla, bla, bla….. Al final se le escapó por lo bajini: … me voy a hinchar…”.  ¿Les suena de algo?   

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