LA TORRE DE BABEL

Una ventaja que tienen las actividades comunes de muchas personas es la enorme oportunidad que alumbran para poder compartir o contraponer opiniones coincidentes o discordantes, y eso favorece enormemente la comunicación social. El fútbol no es una excepción. Alrededor de este fenómeno de masas pululan todo tipo de criterios tan respetables como dispares. En España, especialmente, por ser el deporte rey, siempre se ha dicho que dentro de cada aficionado hay un técnico o seleccionador en potencia. Ahora mismo tenemos la gran dicotomía de los aficionados madridistas y barcelonistas en la que tercian todos los demás. Hay a quienes nos gusta más el juego que destilan los blaugranas como pacientes artesanos del balón y a quienes les subyuga el trepidante ritmo que imponen los blancos. Se podría decir que en el estilo de los de Guardiola el más rápido es el balón por la velocidad que le imprimen sus jugadores jugando a uno o dos toques y los de Mourinho, por el contrario, imponen su rapidez y pegada, pero ambos se basan en la enorme calidad de sus futbolistas. 
 Tenemos la suerte de poder seguir diariamente las vicisitudes de los que sin duda son hoy los dos mejores equipos del mundo y esto lo echaremos de menos cuando pase esta gloriosa época del fútbol español, refrendada y coronada por el gran momento de nuestra selección nacional que aúna las coronas de Europa y del Mundo. Nos guste más una forma de juego u otra lo más sabio es que disfrutemos del momento, pues somos las generaciones de aficionados actuales las únicas españolas que han podido hacerlo históricamente. Esto no va en detrimento de que sigamos discutiendo de fútbol en la menor ocasión que tengamos, sin pasarnos, claro, que es una forma de hablar de temas poco comprometidos entre amigos. Cuando las conversaciones derivan hacia otros campos más delicados, como la política, por ejemplo, el asunto puede caminar por sendas más espinosas y quebradas. Esta es otra de las ventajas que tiene el fútbol. 
 Es mejor, por lo tanto, subir por las empinadas cuestas de la Torre de Babel futbolística que por otras, que tampoco le van a la zaga en cuanto a disparidades seculares, pues en ese sinfín de lenguas veniales de todos los colores podemos hallar hasta momentos realmente divertidos. Sólo escapan a estas sanas contradicciones las posturas extremas que alberga el ‘forofismo’, y más aún cuando se les agregan ingredientes que no deberían dar sabor a este maravilloso guiso: temas políticos, prejuicios interregionales, etc. Dejemos el fútbol en su dimensión y olvidemos las otras cuestiones que para nada suman, sino todo lo contrario. Todos sabemos que son muchas veces los presuntamente ofendidos por esas posturas quienes en realidad son los culpables, por hacer banderías de temas con demasiadas aristas, pero en realidad no son sino complejos de inferioridad que manifiestan en el fútbol porque son incapaces de mantener con rigor histórico y verdadera dignidad esos asuntos en sus foros correspondientes. Me refiero, claro está, a ciertos especímenes vascos y catalanes que confunden el culo con las témporas. Pronto tendremos un ejemplo de lo anterior en la próxima final de Copa entre el Barsa y el Atlètic. 
 Es lamentable que ensucien la extraordinaria gesta futbolística de sus canteras en el fútbol mundial con posturas ridículas; el mérito indiscutible de sus jóvenes jugadores y de los técnicos que apuestan por ellos; y la gran aportación que hacen al fútbol nacional nutriendo nuestras selecciones. Y, lo que es peor, la gran división que generan entre los buenos aficionados españoles que otrora eran seguidores suyos. Muchos se avergüenzan de serlo por esas cuestiones. 
 Al respecto de esta bendita Torre a la que me refiero, me acuerdo cada día más de aquella ‘Conquista de la Cumbre’ que hacía el inolvidable Baldo en la prensa murciana hace ya demasiados años. ¡Qué lástima que no existiera siempre esa gracia en cuantas clasificaciones y opiniones futbolísticas se hicieran! Sería muy sano que todos nos diéramos cuenta de que el fútbol es sólo un juego para nosotros, los aficionados, y una profesión para quienes viven de él, y no un campo de batalla donde dirimir otros asuntos.
 He sacado hoy a colación este asunto porque andamos iniciando la recta final de todas las competiciones y se avecinan momentos de alta tensión. Ojalá que nunca más tengamos que lamentar cosas como en el pasado. Y estamos en puertas de partidos decisivos donde coincidirán miles de aficionados diversos. Haya cordura.

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