LA REBOTICA

Como en antiguas farmacias, en la trastienda del fútbol hay de casi todo. Opiniones para todos los gustos, lo primero. Y no solo de los aficionados, lo cual además de muy natural es la salsa que mantiene el interés general por este deporte, sino que entre los propios profesionales es la moneda común hasta parecer que han visto partidos o jugadas diferentes cuando se refieren a lo mismo. Y no digamos ya de las filias y fobias que cada cual lleva en sus alforjas futboleras. Me refiero no solo a las también muy naturales querencias por unos u otros colores, sino a los intereses poco románticos que les mueven a ello.

Un ejemplo lo hemos tenido esta semana con el tal Pedrerol, dándole caña a Ramos porque ha osado rechazar el primer intento que el Madrid le ha puesto encima de la mesa para renovar. Y es que, ¿cómo osa el sevillano de Camas despreciar al Capo di Tutti blanco? Cuando don Florentino quiere algo solo cabe decirle sí o sí, si estás bajo su nómina, o hacerle la pelota en público para que te mejore algo su oferta. De lo contrario echará mano de sus fieles para hacértela llegar de modo que no la puedas rechazar o te dará puerta. ¿Les suena de alguna película inolvidable? Pues eso. Y es cuando aparece cualquier Luca Brassi a modo – en este caso el periodista citado – para torcerle la voluntad al díscolo. Solo se le pueden resistir dos. Cristiano, que no lo trajo él al Madrid por mucho que quiera subirse a su chepa, o aquel que sea vital para sus intereses particulares en el extranjero en el momento de cualquier controversia. Que desde hace unos meses, como advertimos, ahora están por Centro y Suramérica.  

 Anda Sergio, bonito, firma lo que te pongan porque de lo contrario pasarás de héroe a villano en pocos meses; los que van de la final de Lisboa a que te piten en el Bernabéu los paniaguados del presi. ¿Será listo el tío, como hemos reiterado desde aquí? No solo ha convertido la primera marca de la España deportiva en el dpto. de relaciones públicas de sus intereses económicos, con la aquiescencia de la mayoría de aficionados merengues de siempre, sino que es el presidente de mayor aceptación popular en el madridismo con todo lo que ha llovido en su mandato, que tantas veces también hemos señalado, y lleva camino de convertir su presidencia en vitalicia. Todo un portento, que hasta el mismísimo y  controvertido Berlusconi debería analizar para su provecho.

Enfrente, parecido. Por Barcelona ya andan buscándole recambio a Luis Enrique porque seguramente no es simpático con ciertos estamentos, o dócil con los gerifaltes; si nos fijamos en aspectos meramente deportivos, a estas alturas no hay motivos para ello. El asturiano, que nunca ha sido  simpático, está buscando la forma de superar las carencias de un modelo de juego muy definido desde años pero que hace aguas, hace tiempo también, en cuanto un equipo rival se le encierra descaradamente con acierto; si se le abren un poco lo normal es la goleada. Y también busca oxigenar y nuevos talentos, como otrora hizo Guardiola.

Pero bajan muy revueltas las aguas por can Barça, y quizás el oportunista Bertomeu necesite hacer un fichaje de relumbrón para el banquillo, como modo de revalidarse ante la afición, ya que todo lo que tiene es heredado del fugado Roselly con lo de la FIFA no tiene margen.  ¿Modo de preparar la coartada? Lo mismo, utilizar los medios de comunicación más afines, por lo que sea – que casi nunca es bueno-, y aprovechar cualquier mal resultado. Aunque haya que echarle la culpa al indiscutible liderazgo de Messi.   

Son solo dos ejemplos de los entresijos que guarda la trastienda de nuestro fútbol. Y de tópicos también está lleno. Algunos son nuevos, como las manías de usar términos ingleses para señalar hechos que tienen denominaciones múltiples en nuestro rico idioma, o echar mano de los manuales militares o empresariales para definir jugadas, que no vamos a repetir por cansino, pero muchas otras cuestiones son las de siempre.
El árbitro no vio agresión en el comportamiento de Cristiano en Córdoba, o le perdonó varias tarjetas a jugadores barcelonistas en Elche. ¿Y por qué? Los viejos aficionados lo sabemos de memoria. El viento siempre ayuda a los barcos de más vela. ¿O no?

Por cierto, qué alegría lo de Torres para Del Bosque. Y para millones de compatriotas. 

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