LA PELOTA ARTIFICIAL

Suele ocurrir que el dinero siempre es de alguien y es normal que su propietario haga con él lo que le venga en gana. En el fútbol nuestro de cada semana podemos asistir a espectáculos diversos. Desde los dos grandes equipos que tienen lista de espera para darse de alta como socios a aquellos otros que hacen rifas en el campo para hacer frente a sus ruinosas economías. Y, en medio, una suerte tan variopinta de casos que haría muy prolijo su análisis. Pero en el fondo se dividen en cuatro grupos más o menos definidos.
El Madrid y el Barsa por un lado, como paradigmas de clubes que no deberían tener grandes problemas dinerarios salvo tontunas cum laude, que también las ha habido. Varios equipos detrás como Valencia, Sevilla, Atl. de Madrid, Español o Betis, incluso Zaragoza entre ellos, en los que el afán por ganarle a los primeros les hace casi siempre andar con el balance hecho unos zorros y arrastrarse por los procelosos caminos de las deudas a todo el mundo, las ventas de jugadores estrella para ganar tiempo, y las continuas denuncias sobre las injusticias en el reparto de los dineros de las televisiones para tapar lo que es una evidencia: nunca podrán estar a la altura de los dos grandes. A veces les suena la flauta en forma de una pléyade de canteranos que les hace competitivos, aparte de eficientes en lo económico, o de algunos fichajes baratos que luego ponen huevos de oro. Pero el final siempre es el mismo: equipos segundones de primera con algún título ocasional y algún que otro año en segunda.
Después estaría el Bilbao, un grupo él solo, con una filosofía irrenunciable basada en la cantera y en el ADN local, con bastante manga ancha hasta regiones limítrofes y que siempre anda entre los dos grupos descritos haciendo la guerra por su cuenta. Cuando las hornadas son buenas pueden disputar los títulos y cuando no, deambulan por primera división sin grandes agobios. Un caso ejemplar y que a algunos nos produce envidia por ser lo que querríamos para nuestro equipo.
Y en el cuarto grupo están casi todos los demás clubes, que reparten su historia entre primera y segunda con algunos éxitos aislados en la máxima categoría producto de circunstancias irrepetibles en todos los sentidos. Ahí tenemos los casos de un club histórico con el Deportivo de la Coruña o el más reciente caso del Villarreal.
Intentar hacer la guerra emulando a los grandes está bien si tomaran el ejemplo del Barsa actual y reciente: base en la cantera y algunos fichajes que acompañen. Lo que no tiene sentido es que equipos del segundo grupo – los eternos aspirantes y siempre en la ruina- o los del último, con menos de veinte mil socios y escasa capacidad recaudatoria en todo lo demás, traten de cubrir sus aspiraciones tirando de chequera. Ya sabemos el resultado: ruina sobre ruina para escasos éxitos que siempre suponen un canto de cisne.
El ejemplo más cercano lo tenemos en el Real Murcia. En 1.993 tenía una deuda de 1.500 M de pesetas producto de dos gestiones diferentes. Hasta finales de los ochenta acumuló la mitad de esa deuda, coincidiendo con su mejor época para quedar una temporada noveno en primera, y en un par de temporadas aciagas sumó la otra mitad con otro presidente. Ahí empezó el tenebroso declive del club grana que estuvo a punto de desaparecer varias veces. Después vino el actual propietario con varios proyectos que tampoco han consolidado al Murcia en primera; eterna aspiración. Nuestro equipo sigue siendo un ascensor de tres paradas: las dos segundas y la primera.
Mientras que el fútbol modesto y el mediano no se den cuenta de que estar sólo al albur del dinero de alguien para mayor divertimiento de sus aficionados tiene poco recorrido, no se pondrán las condiciones para consolidar ningún proyecto serio.
Al Villarreal le han faltado un par de temporadas para recoger los frutos del buen trabajo hecho. Roig es un tipo inteligente que le dio el impulso inicial para después ir hacia una política de cantera con retoques de clase. Ojalá lo consiga en esta etapa. El Español también pisa ahora esa senda.
Es el futuro, lo demás son pelotas artificiales. Nos hemos acostumbrado a la tontuna de pedir futbolistas caros, entradas baratas, ¡vamos a ganarle al Madrid!, y, si fracasamos, ¡presidentes peseteros! o ¡ futbolistas mercenarios! Más de risa que de pena.

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