LA LEYENDA SINFÓNICA QUE NO CESA

 He querido unir en un título remembranzas de dos formas de belleza, la música y la poesía, ambas realizadas con el esfuerzo y el talento humano puestos al servicio del disfrute de todos, independientemente de gustos, colores o ideas. Porque eso es lo que hace el Barsa con su extraordinaria forma de jugar. Será difícil que los amantes de este juego podamos disfrutar en el futuro de un equipo que logre armonizar en el césped tantas cualidades en torno a un balón, con unas reglas determinadas y un buen equipo enfrente; porque todo juega. Realmente se acaban los adjetivos para definir tanta belleza; terminamos antes diciendo que hacerlo mejor es casi imposible; al menos hasta ahora no recuerdo otro equipo en la historia del fútbol que supere al Barcelona actual. Podríamos acordarnos del Madrid de las cinco copas de Europa, de D. Alfredo, de Puskas y Gento; o del Brasil del 70 en el mundial de México con Pelé, Tostao y Gerson;  de la Holanda de D. Johan o del Milán de Sacci; pero también convendremos que, a salvo de gustos, la perfección engranada como denominación de origen del Barsa actual es difícilmente superable. Y lo digo  porque además de que su fuerza reside en un conjunto de magníficos futbolistas a cual de ellos mejor, resulta que en su inmensa mayoría proceden de la Masía, donde los responsables de la cantera azulgrana hacen encajes de bolillos para formar y ‘fabricar’ auténticos clones futbolísticos en lo esencial, al margen de las cualidades singulares de cada uno de ellos. Cuando salen al campo, y esa es otra, vienen todos con la lección aprendida de cómo se juega en este equipo: hasta los tres cuartos de campo a uno o dos toques, con apoyos y triangulaciones constantes, y al llegar cerca del área rival se aceleran los pases hasta encontrar al compañero mejor desmarcado y ‘pa dentro’. Parece fácil, pero todos sabemos lo difícil que es jugar así de sencillo. Ayer en Fukuyama nueve canteranos formaron en el equipo titular y fueron campeones del mundo.
Y de todo lo anterior hay un responsable sobresaliente: Pep Guardiola. Por supuesto que antes que él otras personas tuvieron ese bello sueño y lo pusieron en marcha, pero quien lo ha llevado a su máxima expresión es el joven técnico catalán. Seguramente no es casualidad que él mismo sea también producto de esa filosofía de fútbol basado en mamar su esencia desde abajo. Y tampoco es casualidad el éxito obtenido basado en la fe en su proyecto, como decíamos el otro día comentando su último triunfo en el Bernabéu, pues en Japón volvió a salir con el mismo esquema: tres defensas y de ahí en adelante a tocar y tocar hasta encontrar el hueco. ¿El rival?, a Guardiola le importa sobre todo lo que sus jugadores sean capaces de hacer en el campo con fidelidad a su filosofía futbolística. Como dijo Cesc Fábregas antes del encuentro: “ si el Barsa tiene el balón Neymar no juega”. Y así fue. Una sucesión de maravillas futbolísticas hasta que llegaron los tres primeros goles; luego a seguir disfrutando. ¿Que algunas veces puede salir mal?, ¡claro!, pero lo normal es que salga bien con tantos y tan buenos jugadores de fútbol. Y nosotros, los amantes del fútbol, a disfrutar.
Así que ya pueden ir los agoreros que hablan del fin de un ciclo dedicarse a otra cosa, porque de verdad que de esto saben poco.  Esta gloriosa época futbolística, independientemente de los colores que ame cada cual, se acabará, desgraciadamente, cuando Guardiola se vaya del Barsa, porque si difícil es encontrar un grupo de futbolistas tan buenos en el mismo equipo, más difícil será encontrar a un técnico que tenga la visión y la voluntad de ponerlos y, lo que es más importante, el valor de mantenerlos contra viento y marea, sin importarle que venga de tercera, como ha pasado con algunos de ellos: Busquet y Pedro; de juveniles: Thiago; de segunda: Cuenca; o de ser suplentes en otros equipos, como Piqué;  además de repescar sin falsas soberbias a Cesc; por citar a algunos. Aparte de darle galones a los que ya estaban: Xavi, Iniesta o Messi; no olvidemos que antes de Pep los galones del Barsa los llevaban otros, que parece que lo olvidamos con mucha frecuencia. Para Pep las figuras estaban dentro.

Lo dicho: la leyenda continúa; esperemos que por mucho tiempo, aunque sólo sea por nuestra selección.

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