LA FAUNA DEL FÚTBOL

En un deporte profesionalizado como es el balompié, donde abundan quienes se arriman a él con el afán de levantar unos duros, nos encontramos con una fauna variopinta que hallan en cualquier tema, o mejor, en cualquier asunto trivial, por generalizado, causas para subrayar su supuesta mayor enjundia.
 Por ejemplo, cuando Jorge Valdano, que fue tan buen jugador como técnico, alumbró su famoso aserto de que “el fútbol es un estado de ánimo”. Toma claro, como en cualquier otra cosa de la vida; cuando venimos de una serie de cuestiones favorables parece que la siguiente la abordamos con tanta seguridad que tenemos la mitad del éxito conseguido. Pero esta frase ha pasado de comentario anecdótico a categoría filosófica, y tras él la han repetido hasta la saciedad muchos componentes de esa fauna a la que antes me refería.
Al contrario del anterior, alguien como Di Stéfano, mejor jugador y técnico, hizo fácil de palabra lo que también hiciera fácil jugando: “ el fútbol es un juego donde compiten once contra once y se trata de meter la ‘vieja’ en el arco del portero que menos conozcas”. Cortitas y al pie –como también diría- en lo referente a hacer filosofía con los simples avatares de un juego.
Otra evidencia la tenemos con determinados conceptos que ahora se repiten cansinamente en cualquier retransmisión o crónica futbolera; verbigracia: “jugada de estrategia”. Oiga, mire, la estrategia no se ensaya, se planifica. Usted podrá ensayar la táctica y su despliegue en el campo, las jugadas a balón parado y el movimiento y situación de sus jugadores en estas ocasiones, pero difícilmente lo que planificó a principio de temporada contando con los medios de que disponía: jugadores, presupuesto, objetivos, etc. Es decir, de dónde parte, con qué medios cuenta, dónde quiere llegar y alternativas para corregir desviaciones de sus propósitos. Y a muchos especímenes de la fauna aludida se les llena la boca hablando de jugadas de estrategia en lo que simplemente son el saque de un córner, de banda o un golpe franco. Ya me dirán ustedes qué estrategia supone disponer de un futbolista que le pegue bien al balón en estas circunstancias. Pero es que, en el paroxismo del absurdo,  hasta un gol de penalti lo elevan a la categoría de estrategia. Y en esa fauna hay desde antiguos futbolistas a técnicos devenidos en comentaristas y periodistas por doquier.
Podríamos poner múltiples ejemplos, pero la grandeza del fútbol está en su simpleza y en la enorme influencia que el azar tiene en su desarrollo. Luego, hay peculiaridades generalistas que se repiten temporada tras temporada. Como diría el inolvidable Dr. Ripoll, la tabla es la que manda, hay que llegar al balón antes que el contrario, el coraje no tiene sustitutivo, y si no te meten ningún gol normalmente debes puntuar. Así de fácil.
Pero claro, la sencillez es característica esencial de los genios, y en la fauna aludida no abundan. Recuerdo la anécdota que refería el admirado maestro Ibarra, respecto a la pregunta que le hacía un ‘intrépido’ periodista a un entrenador del Murcia después de ganar por siete a cero en la vieja Condomina: “ ¿ Eusebio, contento?”. Lo más lamentable es que al corral futbolero han acudido gentes supuestamente ilustradas y en general no han traído más que tópicos, irrelevantes evidencias técnicas y conceptos terminológicos rayanos en la ramplonería desinformativa.
Cuando se publiquen estas líneas habrá transcurrido otra jornada de liga y las certidumbres estarán en lo de siempre. Habrá media docena de entrenadores en la cuerda floja por las urgencias y la montaraz memoria reciente que lo rige; se habrá jugado el Cartagena-Murcia y otros partidos, y los medios repetirán lo consabido, que si uno jugó mejor pero no tuvo fortuna, que si el otro ganó con justicia, y que si el de más allá por tal camino se encamina hacia la gloria o el abismo. Pero los de la fauna se empeñarán en evangelizarnos con sus ‘sagaces’ hallazgos.
Escucharemos que Guardiola le dio caña a Mourinho porque dijo que el Madrid ya jugaba de escándalo el año pasado, y que con Pellegrini también lo hacía bien; los sacapuntas de siempre tornando un halago en rejón.
Esto del fútbol es como cuando en los toros escuchamos que al toro hay que hacerle las cosas bien. ¡Joder!, pues claro. Los ‘genios’ deberían traducir en fácil lo que es sencillo. Y más quienes en esta fauna han vivido, viven o pretende vivir de él. 

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