LA DOBLE RUINA DEL FUTBOL ESPAÑOL

No sólo la ruina económica amenaza a nuestro fútbol, existen otra latente que en cualquier momento puede hacer saltar por los aires el mayor espectáculo que se puede ver en España. Ésta por la generación de una  violencia de dimensiones muy peligrosas motivada por la intransigencia de algunos a admitir que en el fútbol, como en cualquier otro deporte, una veces se gana y otras se pierde y no por ello hay que cargar contra el adversario, que no enemigo, argumentando cuestiones políticas u oscuras tramas federativas y arbitrales nunca demostradas.
De la primera hay diversos actores que son a la vez causantes y víctimas de la misma. De un lado están los dirigentes de los clubes que generalmente gastan más de lo que pueden en aras de conseguir objetivos deportivos para su mayor gloria personal fuera del alcance de la verdadera entidad de su club. A la presidencia de un club se llega por tres razones básicas: vanidad, promoción personal o por expectativas de hacer negocios con ello. Pero claro, en la ambición va el engaño. Un equipo de fútbol es deporte pero no sólo eso, es espectáculo pero tampoco sólo eso y es empresa pero en la que la planificación juega bastante menos que el azar. Y todo ello junto hace que dirigir un club de fútbol sea de las funciones más difíciles que se puedan acometer, y mucho más en equipos con escasa capacidad de generación económica; la mayoría. Salvando dos o tres equipos españoles todos los demás son una fuente inagotable de problemas de toda índole, de expectativas no satisfechas y de situaciones límite en las que se pone a prueba la fortaleza física y psíquica de sus dirigentes. Si a la ingravidez del azar, cuestión fundamental, le sumamos la exposición permanente a los focos de los medios de comunicación y al juicio permanente de la afición, tenemos el hemocultivo ideal en el que crecen, se desarrollan y fructifican todo tipo de bacterias. Tan difícil que se pueden contar con los dedos de media mano quienes han salido indemnes de tal prueba en la historia del fútbol. Claro que a nadie obligan a meterse en ese campo de minas.
Otros actores fundamentales son los futbolistas y técnicos, con sus dos sindicatos y normas establecidas. A un futbolista hay que pagarle todo lo estipulado en su contrato juegue más o menos, mejor o peor, se gane o se pierda, se suba o se baje. Y a un entrenador no se le puede echar y fichar a otro si el primero no firma su conformidad. ¡Tremendo! Precisamente el origen de la última huelga es que los clubes convertidos en S.A.D. han acudido, como cualquier otra empresa, a la protección económica que la Ley Concursal les otorga y estos profesionales se niegan a aceptar que cuando una empresa va mal no puede pagar. Así de sencillo.
Luego está el poder omnímodo de la Federación y Organismos Internacionales. Si tratas de defender tus derechos fuera de sus propios tribunales y acudes a la justicia ordinaria pues te echan de la competición y a otra cosa. Cuando pasados unos años te puedan dar la razón ya me dirán ustedes. Conclusión, que nadie se sale del tiesto.
Todo ello ha hecho que tras dos planes de saneamiento en el pasado, con dinero de nuestros impuestos, y la fórmula moderna de S.A.D. la ruina sea la misma. E incluso en equipos como el Real Madrid, que ingresa más de 400 millones al año, ocurre que tiene una deuda de más de 600 y, a las malas, ni vendiendo su patrimonio inmobiliario, el estadio incluido, podría hacerle frente. Porque claro, ingresa mucho pero gasta más. Al tiempo.
Y finalmente llegamos a la segunda ruina, la violencia que se puede desatar derivada de mezclar el fútbol con otras cuestiones. Cuando uno ve a personas a los que el Señor no les llamó por el camino del razonamiento decir que la Selección Española es la Selección de Cataluña, o ignominiosos carteles diciendo que el dedo de Mourinho es el camino a seguir por el madridismo, pues apaga y vámonos. Hombre, descerebrados ha habido siempre, pero ahora, además, es que se lleva lo de excitarlos, como cuando de críos respondíamos a aquello de: “ ¿Suelto el perro?”, pues “¡suéltelo Ud ¡…”¿ y si ‘los’ muerde’?”, pues  “¡ déjelo Ud.!”.
Con bozal obligaba a ir yo a más de uno a un campo de fútbol, y a algunos a alguna que otra rueda de prensa. ¡Vaya tropa!, no llegan ni a banda, se quedan en pandilla. Y mientras los niños viendo el espectáculo. De pena.

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