FLORENTINO Y GÁLVEZ, LA SOLEDAD DE DOS PRESIDENTES

FLORENTINO, MÁS PRESIDENTE QUE NUNCA
Los ambiciosos no renuncian a sus sueños irredentos, pero a veces sí. Los tozudos no aprenden de sus errores encadenados, pero a veces sí. Los soberbios no renuncian a su amor propio infinito, pero a veces sí. Los poderosos no se bajan de su incandescente atalaya, pero a veces sí. Y así podríamos continuar barajando hipótesis para hacer un traje a medida a don Florentino Pérez. 
En el 2000, cuando era anónimo en España, puso en marcha lo de Figo para darse a conocer y consiguió ganar inopinadamente la presidencia blanca a un Lorenzo Sanz que acababa de conquistar su segunda Champions. La continuación es la historia de la leyenda galáctica con la aparente frase de zidanes y pavones —estrellas y canteranos—: Zidane, Ronaldo, Beckham, etc., para ganar notoriedad personal en Europa y más allá. El asunto funcionó pocos años y resultó ruinoso en lo deportivo, por lo que en 2006  cogió el olivo y se largó tras devorar a media docena de entrenadores, dejando al Madrid desarbolado. Antes, con la recalificación de la vieja ciudad deportiva, logró estabilizar económicamente al club.
En 2009 eclosionó la crisis económica mundial y pensó que era el momento de volver a dar lustre a su figura porque sus intereses empresariales lo necesitaban, y allá que fue con armas y bagajes para poner de nuevo al Real al frente de su departamento de relaciones públicas. Pero volvió a las andadas con más sombras que luces y tras el disparatado estandarte de Mourinho,  ya con Ancelotti, en 2014 tenía la maleta hecha. Sin el acierto de Ramos en Lisboa se habría ido otra vez por la puerta falsa. A partir de ahí todo le ha venido de cara, con el acierto de poner a Zidane al frente del equipo y, entonces sí, rubricar la segunda mejor etapa deportiva del Real Madrid con tres Champions consecutivas. El refrendo glorioso es que tiene a mano emular a su admirado y el de todo el madridismo don Santiago Bernabéu, el todavía incólume símbolo histórico blanco.
Ahora, cuando está de vuelta de todo gracias a su indiscutible valía empresarial, llega el momento de demostrar la valía futbolera real. Con la fuga cantada de Zidane y la extemporánea y previsible de Cristiano, debe de ejercer de presidente en la zozobra, que es donde de verdad se muestra la talla de un líder. Asegurábamos que los verdaderos objetivos del “capo di tutti” eran Neymar y  Löw para el banquillo, y está siendo coherente. Lo del técnico alemán lo malogró afortunadamente el éxito progresivo de Zidane en Europa la pasada campaña, pero lo del díscolo y exuberante jugador brasileño está todavía demasiado crudo. Y mientras, Florentino Pérez empieza a percibir estoicamente los nervios de quienes antes alabaron su decisión de largar a Cristiano; pensaban que lo tenía todo controlado con un as en la manga. Hace bien. Solo una estrella así, aun cuando algunos pensamos que está bien donde está, o quizás Mbappé, podrían mejorar su plantilla. Tiene un plantel ilusionante, pero la incógnita es si soportará un revés a corto en la Liga; ya decía el doctor Ripoll que la tabla es la que manda.
En todo caso, aun siendo crítico con Pérez por cuanto hemos dicho desde hace años, parece que empieza a ejercer. Ojalá persevere y sus ilusionantes jugadores hagan bueno a Lopetegui. Solo faltarían Marcos Alonso, Thiago y quizás Rodrigo o Aspas. Todos a tiro. Si Florentino aguantara el tirón empezaría a ser un presidente de verdad en lo deportivo.  
GALVEZ, O LA SOLEDAD DE OTRO PRESIDENTE
Dice el oriolano de apellido legendario murciano que se encuentra solo. Y es comprensible. La semana pasada planteábamos inquietudes tormentosas, pero a estas alturas Gálvez se ha ganado el respeto del murcianismo.
Poner tanto dinero —él dice que dos millones, aunque parecen muchos— para que el Real Murcia cabalgue de nuevo, tiene tanto mérito como la incertidumbre en la que navega. Si es así, merece nuestro apoyo. ¡Mucho ánimo!
Al segundo en discordia también se le ve venir. El mexicano arrastra papeles legales que zurren como cadenas y le alumbran faroles lejanos. ¿Será un fantasma?  De momento porta el sambenito de estar más tieso que la mojama. ¿Qué busca? Dicen que ya lo hizo antes allende Castilla.  ¿Qué le vendió en realidad Moro? ¿Y a Gálvez? ¡Mira que si el extremeño resultara el más listo!
¿Golfo, dice? ¡Quite usted, por Dios! …. Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras.

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