EN SEMIFINALES DE CHAMPIONS

EN SEMIFINALES
Con la Liga en un moquero, Barça y Madrid se asoman a la gloria europea con el Sevilla de Emery aspirando a su pedrea.
Por otra parte, Simeone arenga a los suyos para desbancar a los blancos de la segunda plaza cuando debería mirar hacia atrás, no sea que, como dijimos, su duelo sea doble: apeado de la Champions y del bronce en España; las desgracias nunca vienen solas, aunque su eliminación fue por desméritos propios. El Madrid le ganó justamente porque no se puede aspirar a nada grande fiando sus opciones a un gol de córner o falta, eso que los ‘gililustrenses’ futboleros llaman ahora goles de estrategia; la flauta no suena siempre.
Nuestros dos grandes tienen muchas opciones de protagonizar una final europea legendaria; nunca la han protagonizado juntos. Pero antes tienen que superar dos obstáculos que no son menores. Los blaugranas se enfrentan al otro equipo que mejor juego luce en el continente. El Bayern tiene la ventaja, además, de que Guardiola conoce perfectamente a sus antiguos pupilos y sabe de lo que son capaces. Es consciente de que si Messi y compañía tienen su noche en cualquiera de los dos partidos poco podrá hacer. Pero también sabe que controlando el juego tendrá mucho ganado, y su equipo está capacitado para ello.
Con AlonsoThiago y Lahm, más Müller en el vértice, pueden contrarrestar perfectamente a los BusquetsIniesta, y RakiticXavi o Rafinha, por mucho que el figurón argentino bajando, Alves y Alba desde sus bandas les apoyen. Porque tampoco Bernat, el otro Rafinha y Robben son moco de pavo.
Así las cosas, los detalles serán de nuevo determinantes en esa fabulosa eliminatoria. Los barcelonistas son superiores a los bávaros en defensa y en la punta de ataque, pero tendrán que evitar fallos decisivos tanto arriba como abajo. Los de Pep, desde esa realidad, deberán ajustar bien la zaga que tantos disgustos le dio en Oporto, con la suerte de contar de nuevo con Bastuber.  Si contra Messi, Neymar y Suárez repiten tonterías se pueden llevar un saco en cualquier de los dos campos. Y aprovechar el juego de espaldas de Lewandoski y su oportunismo, más la finura de Gotze, que la pueden liar en cualquier momento. Eliminatoria un tanto equilibrada contando con el factor germano; ese plus que Lineker, gran goleador inglés con pasado azulgrana, definió muy bien diciendo que el fútbol es ese juego de once contra once en el que siempre ganan los alemanes.
Aserto acabado, afortunadamente, cuando la España de Luis y la de Del Bosque liquidaron en una Eurocopa y un Mundial a la máquina germana.
El Real Madrid acometerá una semifinal menos complicada por su superioridad teórica y efectiva pero con la incertidumbre que siempre generan los grandes equipos italianos. La Juve es un dinosaurio, ahora lagartón, que vive del clásico catenaccio transalpino mejorado con los goles de Tévez y de los españoles Morata y Llorente, por ese orden, y los detalles de calidad destilados por el incombustible Pirlo.  Y deberá tener cuidado Ancelotti, especialmente, por los recurrentes aciertos que los futbolistas con pasado blanco tienen cuando se enfrentan al club de sus amores.  No debería tener muchos problemas, no obstante.   
Es curioso, por otra parte, que de los cuatro semifinalistas sea el actual campeón, el Real, quien más se juega para justificar la temporada; los otros tres tienen sus campeonatos domésticos en la mano.  Y eso tiene una doble lectura. Por un lado el acicate positivo que tal eventualidad supone, y por otro los nervios que le pueden ocasionar poniendo plomo en sus botas cuando lleguen los minutos decisivos.
Finalmente, llega la cumbre con los merengues y culés enfrascados en asuntos internos. Los culés con el pufo del fichaje de Neymar subiendo, y los merengues con el libro del periodista Abellán amenazando con dividir aún más al madridismo.
Sabíamos que Del Bosque —campeón del mundo y de Europa después—, según Pérez, no era técnico para el Madrid; incluso que el mejor Casillas tampoco era portero para su equipo; pero que el indiscutible Raúl fuera “un cabrón”, secundado en su felonía por Figo y el repescado Hierro, es nuevo para millones de aficionados madridistas, aunque para algunos es lógico. Solo puede haber un sol blanco: Florentino.

De ahí la boria Ramos con el nubarrón actual: Cristiano. Para el papanatismo merengón, solo el ‘florentinismo’ es blanco. Ser crítico con el gran ‘fichaor’ y beneficiario de la marca Real Madrid es herejía. ¡Arre burra!

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