DON JOSÉ GUARDIOLA

Será difícil encontrar en el futuro un técnico que consiga alcanzar sus éxitos al frente de un equipo de fútbol español; y en nuestro pasado no existe.
Y será difícil aglutinar en la misma figura, dentro y fuera de nuestras fronteras como entrenador y antes de jugador, a un hombre que eleve la caballerosidad a su máxima expresión sobre la base del triunfo con mayúscula. Guardiola lo ganó todo con su equipo en el terreno de juego con el 4 a la espalda dentro y fuera de España. Y lo ha vuelto a hacer, superándose extraordinariamente, como técnico. Y en la selección nacional ganó el oro olímpico en su ciudad, ¡qué suerte!, y no alcanzó mayores cotas porque le tocó vivir una de las muchas etapas futboleras en las que nuestro equipo de todos sucumbió ante el infortunio. La selección en la que él jugaba era un equipazo pero le faltaba eso que ahora sí nos ha acompañado, la suerte, porque mimbres tenía, como la actual, para haber hecho historia en el fútbol mundial.
Recuerdo sus gestos y gritos de satisfacción enormes cuando en compañía de Quico, Ferrer, Alfonso y demás, ganaron la final de las Olimpíadas de Barcelona. Y, por el contrario, la tristeza de su rostro, junto a la de Hierro y otros, en tantas frustraciones compartidas en Eurocopas y Mundiales por nuestros internacionales.
Jugador  tesonero, de calidad y nervio, jugando normalmente a un toque, sin rehuir el choque, pero sin una entrada alevosa, que yo recuerde. De morro caliente cuando se trataba de defender a sus compañeros y, paradójicamente, el primero en felicitar al contrario por su victoria. Capaz de pararse a aplaudir a un compañero cuando hacía algo inaudito, como Ronaldo, y capaz, también, de cultivar y mantener grandes amistades personales con sus rivales más directos, como en el caso de Raúl.
Capaz de irse de su equipo de siempre a jugar al extranjero cuando sintió que no tenía el cariño de sus dirigentes, sin un mal reproche, y de volver después a empezar desde lo más bajo entrenando al filiar de 3ª división.
Aprendió mucho de D. Johan, como él mismo dice, y de tantos otros buenos entrenadores de categoría mundial que le dirigieron, y no tuvo tampoco el menor empacho en vestirse de humildad, un traje que nunca le falta en su armario, y pasarse varios meses en Murcia viendo como entrenaba Lillo al Ciudad para seguir formándose.
Y con el valor suficiente para debutar en el Barsa, siendo de la casa y viniendo de ascender al filiar de 3ª a 2ª B, para dejar en el banquillo a Messi, a Touré Yayá y a Keita, después de haber largado a Ronaldinho y a Deco, y sacar de titulares a Busquet, Pedrito y a Piqué, dos que subió del tercera división y uno que siendo de la cantera venía del segundo equipo del Manchester U. Y los bemoles de aguantarlos perdiendo el primer partido en Soria y empatando el segundo con el Racing en casa; hasta que no ganó en Gijón, en la siguiente jornada, no cambió esa situación. Claro que, a esas alturas, ya todos sabían quien mandaba en un vestuario que se había convertido en una casa de fulanas sin amo en los últimos tiempos.
Esta misma temporada, con un Madrid por delante asustando con su espléndido juego, ha tenido los redaños de empatar dentro con el Sevilla e ir a Granada a muerte dejando en el banquillo a Villa y a otros, y repitiendo a Cuenca, otro chaval de la cantera. ¿ Se imagina alguien a otro entrenador- sin señalar- que tenga el valor de dejar a una figura en el banquillo, Benzema o Higuaín, por ejemplo, para sacar a Morata en esas circunstancias? ¡ Ni loco!.  Y le salió bien. Algunos achacan esas cosas a la suerte o a los árbitros, pero las cosas son más sencillas. Simplemente se trata de tres atributos: vista, valor y ‘buevos’.
Lo ha ganado todo con su equipo y sigue con la humildad de alabar a sus máximos rivales y de reconocer a otros técnicos, entre ellos al del ‘caballito’ en Valencia, como los mejores del mundo. Aún no se le ha escuchado una arrogancia en sus horas de triunfo. Dice que gana porque sus jugadores son muy buenos.
Pero todavía en muchos foros se le sigue llamando de todo menos bonito. Dicen que finge humildad. ¿ Qué dirían de D. Xosé, si vistiera de azulgrana?  

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