CUATRO HOMBRES PARA LA HISTORIA, Y UNO CLAVE

Cuando se analicen estos años de fútbol y de la Liga española se hablará necesariamente de dos técnicos: Mourinho y Guardiola, y de dos futbolistas: Messi y Cristiano. Junto a ellos aparecerán otros tan importantes como pálidos a su vera. Es verdad que han convivido con la mejor pléyade de jugadores españoles de la historia: Xavi, Iniesta, Casillas, Ramos, Pujol, Alonso, Villa, Silva, Cesc, Piqué, Torres y algunos más, que han hecho a España campeona de Europa y del Mundo, con dos técnicos españoles, Luis Y Del Bosque, que, así mismo, conformarán la nube más laureada del fútbol español junto con aquella más lejana del 64 de Villalonga y sus muchachos: Suárez, Amancio, Zoco, Fusté, Olivella, Iríbar, Pereda, Marcelino, Lapetra, Rivilla y Reija, y otros también. Entonces era leyenda, y lo sigue siendo, Gento, que había ganado cinco copas de Europa y que dos años más tarde ganaría la sexta al frente del Madrid ‘ye-ye’. Igual que ahora es también gloria en activo Raúl, aunque no haya figurado tampoco entre los campeones.
Pero las páginas más gloriosas de nuestro fútbol a nivel mundial se están escribiendo ahora: los dos indiscutibles mejores futbolistas del mundo, los dos mejores equipos mundiales, con diferencia, y la selección que mejor fútbol hace, también por aclamación y objeto de deseo general, y que invariablemente ocupa el primer lugar del ranking mundial.
¿Y qué ha ocurrido para eso? Pues que un técnico, Luis Aragonés, se dio cuenta de que el fútbol español tenía que expresarse en el campo como de verdad era: exquisitamente técnico con el balón, generoso en el esfuerzo e inteligente para saber jugar sus bazas, olvidándose de la tan manoseada ‘furia española’ que hasta ese momento era el funesto banderín de enganche. Después le siguió otro técnico, D. Vicente, que no sólo apostó por lo mismo sino que lo mejoró con otras variantes en el mismo sentido.
Y que un club, el Barsa, se la jugó con un Guardiola jovencísimo y con la sola experiencia de haber entrenado en Tercera, que ha ganado todo lo ganable en menos de cuatro años apostando sin dudas por el estilo de juego de su cantera y ha llevado a su equipo a ser la envidia futbolística del mundo. En este asunto tuvo un papel destacado un presidente como Laporta, nefasto en todo lo demás, muy bien asesorado por D. Johan, el icono por excelencia del barcelonismo. Igual que en el tema de la selección nacional la gloria le cabe al incombustible Villar, que parece ‘singularmente corto’ pero ha demostrado mucha sapiencia balompédica; igualmente bien asistido de otro figurón: Fernando Hierro.
Y, enfrente, el Real Madrid ha contado con la ambición sin límites de D. Florentino que, otras cuitas al margen, tuvo el acierto de refrendar el fichaje de Cristiano por su antecesor, el inefable Calderón, y el de fichar a Pellegrini, a quien no se le ha hecho justicia en el club, y después entregar las riendas a Mourinho por aquello de intentar acabar con la hegemonía blaugrana, y que en ello sigue.
En resumen, que tenemos al mejor rematador de todos los tiempos: Cristiano Ronaldo, tan gran profesional como sobrado de más; a Lionel Messi, que va camino de convertirse en el mejor delantero de la historia, al tiempo que tan excepcional goleador como el anterior aunque de más elaboración, y a dos técnicos que merecen comentario aparte.
Mourinho es el ‘enfant terrible’ del fútbol mundial. Coleccionista de títulos, provocador, egocéntrico, manipulador, irascible, motivador rayano en lo histérico, y técnico de éxito seguro allá por donde va. Parece que, sin embargo, con su gente es otra cosa, ojalá sea así, pero su imagen pública sufre el deterioro lógico que produce su afectada puesta en escena.
Y Guardiola, el fabricante de sueños. Fuerte de carácter pero educado, prudente, intimista y respetuoso, Y digo sueños porque lo fácil es tirar de cartera; lo verdaderamente ensoñador es fabricar grandes jugadores, y él no ha parado de hacerlo desde que llegó: Busquet, Pedrito, Piqué, Thiago, Cuenca, Tello y Montoya, más los que vienen, sin olvidar que ha sacado lo mejor de los Xavi, Iniesta, Valdés y Cesc, aparte de encumbrar a otros como Alves o Mascherano y de convertir a Messi en el mejor del mundo dándole libertad y apartándole lo que estorbara.
El futuro de Guardiola es tan imprevisible como seguramente brillante. Pero ahora es, y sin duda será, un hombre clave del fútbol español.

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